GADES ROMANA

TEATRO

 

 

 

 

Teatro:

 

Por fortuna, la ubicación exacta de este edificio

romano ha quedado aclarada, recientemente, merced a la

identificación de una de sus galerías anulares en pleno barrio

del Pópulo (plano I, punto W; v. también nota 185). Por otra

parte, dicho descubrimiento -de excepcional valor indicativo

de cara a la reducción del núcleo urbano de aquella épocaparece

ahora posible relacionarlo, a posteriori, con ciertos

indicios localizados en dicha área a lo largo del tiempo (186).

Este teatro romano, que algunos han confundido con el que

Balbo el Mayor construyó en Roma (187), debió ya formar

parte -al igual que, quizás, el anfiteatro de la Huerta del

Hoyo- de la primitiva planificación urbanística de la Neápolis

122

erigida por Balbo el Menor (188). Por último, en relación con

la suerte corrida ulteriormente por dicho teatro, creemos que

sus vestigios debieron ya reutilizarse en las fortificaciones y

otras obras de fábrica zonales de la Edad Media. De esta

forma, una parte de su conjunto monumental sirvió, incluso,

de sólida cimentación para el Castillo de la Villa medieval

(189).

INDUSTRIAS «EXTRA-RADIALES»

Bajo esta denominación se han agrupado varios hallazgos

atribuibles a una serie de antiguas industrias -de diverso tipoque,

según parece, ocupaban una situación marginal o

externa en relación con los lugares de índole estrictamente

residencial. Este carácter «extra-radial» de las mencionadas

industrias ha de tenerse muy en cuenta, lógicamente, al

evaluar la dispersión de puntos en nuestro plano I de cara a

la correcta delimitación de los núcleos de poblamiento.

Y una vez hecha la anterior aclaración preliminar,

comenzaremos por ocuparnos de los restos materiales de las

importantes industrias gaditanas de salazón, cuyos productos

fueron tan celebrados en la Antigüedad (190). En primer

lugar, es preciso indicar que no se tienen noticias de haberse

descubierto, hasta la fecha, vestigios de las factorías de esta

naturaleza pertenecientes al período fenicio-púnico, si bien sí

se han localizado restos de sus homónimas de época

romana. Así, concretamente, puede citarse el caso de una

factoría de salazón, de supuesto origen romano, cuyas ruinas

de edificaciones y piletas se señalaban -por la historiografía

de la Edad Moderna (191)- al pie del baluarte de San Felipe

(plano I, punto P; v. además nota 192). Por otro lado, ciertos

vestigios que se hallaban, casi destruidos por la erosión

marina, hacia la zona de la Caleta -y que han sido

considerados generalmente como aljibes debieron ser, en

realidad, piletas romanas de salazón (193). También los

supuestos «aljibes» que se encontraron en 1699 delante de

la puerta del baluarte de los Mártires -y que fueron descritos

por Raimundo de Lantery (Cf. PICARDO, edit. 1949: 343)-

deben interpretarse, tanto por su pequeño tamaño como por

su revestimiento interior, como piletas de salazón romanas

(plano I, punto R). Recientemente, además, han podido

estudiarse algunos restos aparecidos al cimentar un edificio

en la calle Felipe Abarzuza y que pueden atribuirse a una

factoría romana de salazón del siglo I d. C. (plano I, punto 0;

v. también nota 194). Con industrias del mismo tipo parecen

relacionarse, por otro lado, ciertos vestigios romanos

descubiertos -por las mismas fechas- en las obras de

remodelación del cercano Hotel Atlántico (195). Y también es

preciso citar, por otra parte, que en mayo de 1966, durante

los trabajos de cimentación de las viviendas militares del

inmediato Campo de las Balas, se había hallado ya -no lejos

del pequeño columbario que hemos descrito más arriba- un

depósito de ánforas romanas de la variedad 7 u 8 de la

tipología de Dressel (plano I, punto L); lo cual constituye,

además, una confirmación suplementaria de la presencia por

esa zona de las mencionadas industrias conserveras. En

dicha obra, según las ya citadas manifestaciones orales del

personal que participó en ella, se localizaron también

monedas gaditanas de tipología púnica -aunque,

posiblemente, de plena época romana- y monedas romanas

alto imperiales (196). Por otro lado, vestigios de una industria

romana del mayor interés se descubrieron hacia 1884 en la

cimentación del «Nuevo Teatro», en la plaza de Falla (plano

I, punto K). Este hallazgo fue descrito por el arquitecto Adolfo

Morales de los Ríos en una revista local de por aquel

entonces -bastante difícil de localizar hoy en día- de la

siguiente forma:

«Profundízadas las capas de barro empezaron á

encontrarse restos numerosísimos de alfarería romana.

Cuellos, asas, fondos, cascos de amphora y de seria con

sus correspondientes operculum se descubrían por todos

lados, y la piqueta y la azada rompían en cien pedazos á

pesar de todos los cuidados las que bajo el suelo se

conservaban intactas. Se encontraban colocadas en filas y

enterradas segun la costumbre romana de guardar

líquidos, siendo muy notable un tipo de amphora por ser

modelo que hasta el día no había notado en ninguno de

los muchísimos Museos que tengo vistos y visitados y una

de ellas lo es tanto más por la clase de operculum ó

tapa-boca de barro ligero (como hecho con caholí) y en

forma de embudo doble. La vecindad de la viña hace

suponer que existió allí un depósito de sus caldos y tanto

más probable parece el hecho cuanto que entre esos

restos pude obtener dos metretas enteras de las que

servían para medir líquidos y de las que hay notables

ejemplares en el Museo arqueológico de Tarragona.

Un descubrimiento posterior vino á comprobar mi

suposición. Descubrióse una pequeña alberca sobre un

suelo consolidado con piedra partida. La alberca tendría

un metro de profundidad, era cuadrada, de 5,00 m. de lado

y estaba perfectamente revocada interíormente con un rico

cemento romano. Tenía su fondo con vertientes al centro,

hacia una especie de cazoleta central, excepto por uno de

sus costados en el que se derivaba un canal cuya endeble

inclinación correspondía al borde superior de otras dos

albercas diferentes en superficie y volúmen y colocadas

más bajo que la primera en un declíve del terreno.

De tal modo estaba dispuesta la desembocadura del

canalón, que pudiera á voluntad y por medio de

compuertas llenarse uno ú otro de los dos algibes ó los

dos á la vez. Al mismo tiempo las albercas segunda y

tercera comunicaban por otro surtidor y aprovechando

siempre desniveles del terreno. Las tres albercas estaban

construidas del mismo modo y en la prolongación del muro

de separación entre las números 2 y 3 aparecieron restos

de escalinata. Probablemente la primera alberca debía

tener análogo acceso. En el fondo de esta última

aparecieron tejas romanas, ánforas rotas y cantidad de

clavos de cobre que debieron formar parte del tinglado que

la cubría. Aquello debíó ser evidentemente un lagar y las

pilas de amphoras con sus operculum eran más

numerosas en su derredor que en ningun otro punto del

terreno».

 

(MORALES DE LOS RIOS,

1884, VI: 6, y VII: 3).

Por último, hemos de reseñar el depósito de ánforas romanas

de salazones hallado en octubre de

1964

-desde una

profundidad de dos metros en adelante- en la construcción

del edificio de Galerías Preciados en la calle Duque de

Tetuán, popularmente conocida por calle Ancha (plano I,

punto S). Concretamente, según las noticias del perito

aparejador de la obra D. Manuel Accame de Campos, se

descubrieron dos filas de seis o siete bloques constituidos por

tres ánforas encajadas entre sí -de la forma que es habitual

en estos casos- y sumando un total de unas

36 a 42

piezas,

datables posiblemente en el siglo I d. C. Lamentablemente,

este descubrimiento no pudo estudiarse en detalle, ya que -al

estar situados los restos junto al muro medianero- peligraba

la estabilidad de la edificación contigua y se hizo

imprescindible hormigonar el lugar sin demora alguna

(197).

ANFITEATRO

 

 

 

 

 

Anfiteatro:

 

En la historiografía local de la Edad Moderna

existen las siguientes descripciones referidas a los vestigios

del anfiteatro romano de Gades (172):

 

 

«Recogiase y paraba el agua que venía por estos caños

(que eran de piedra) en siete grandes albercas, que parte

de ellas se ven junto con las Puertas de Tierras (sic) de

esta ciudad a la ermita de San Roque do está el Matadero

de la carne que cada una de ellas tiene doscientos pie

(sic) de largo y sesenta de ancho. Enfrente de estas

albercas a poca distancia de ella (sic) estaba un ancho

coliseo o anfiteatro donde se celebraban y hacían sus

juegos y fiestas. Lo bajo de él era una buena y llana plaza

cercada toda en redondo de gravas (sic) y asientos de

piedra donde cabía gran número de gentes. Habíase

sustentado y consagrado este edificio hasta que para

labrar el Castillo que está en la villa vieja le desbarataron

para aprovecharse de la piedra. Por el vacío y ruina que

quedó de él parece haber sido gran cosa; llámase aquel

sitio la huerta del «Hoyo» por la que había de mucha

frescura y naranjos, hay al presente alguna muestra de

ellos».

 

«Muy cerca í frontero de las albercas en que, como se á

dicho, vaciaba el agua que se traía por los caños de

Tempul, se parecen hoy todos los cimientos í paredes de

un teatro redondo igualmente por todas partes, de 120

pies de convejo a convejo, o vacío de pared a pared, i 360

de cerco i redondo, la pared fortísima de mampostería

ancha como de tres varas. Lo mas alto por lo exterior

como dos estaturas de hombre, i por lo interior mucha

mas hondura; si ya no fué círculo adonde se corrian los

toros. Aun en la memoria de los que hoy viven se

conserva la voz de aver oído a sus mayores que se

conoció este edificio casi entero con muchas gradas i

algunas colunas (sic) i una torre cerca dél, i que todo ello

inconsideradamente se desbarató para aprovechar sus

piedras en el castillo, que hoy está en la villa, en tiempo

que fué del marqués, que le renovó í acrecentó, i en este

sitio del círculo estuvo despues una huerta i le llamaban la

huerta del Hoyo».

 

(HOROZCO, ed. 1845: 78).

(HOROZCO, ed. 1929: 103 s).

 

 

 

«I aun el año pasado de mil quinientos noventa í quatro,

no por descuido sino muy de propósito, cegaron i

perdieron buena parte de aquel círculo o coliseo que,

como se i dicho, está junto a la cortína de la muralla a la

hermita de San Roque, el qual círculo llamaban la huerta

del Hoyo por una hermosa huerta que tenia, í ocuparonla

o cegaronla para dar un poco de plaza a una impertinente

casa de alojamiento que a costa de la ciudad se hizo

aquel año para los soldados del presidío... ». (H0

 

ROZCO,

ed. 1845: 187 s).

 

 

 

“Llegadas esta agua á Cádiz, se recogian y representaban

en siete estanques grandes de argamasa incorruptible;

dos de los cuales todavía permanecen enteros, y están a

la entrada de la Puerta de Tierra que dicen del Muro,

sobre la mano izquierda, arrimados al muro... Fronteros de

estos dos estanques, à la mano derecha, siendo el

intermedio solo el paso y camino que entra en la ciudad,

se ven otros pedazos de argamasa de edificios derribados

y deshechos de industria, los cuales están en forma

aovada, y dentro de su circuito está una huerta de árboles

con su noria, sitio regalado, y entretenimiento otros

tiempos cercanos á estos, de los moradores de aquella

ciudad; ahora está casi desierto, solo permanecen algunos

árboles inútiles, que de no cultivarse se van perdiendo.

Este círculo era el coliseo, donde celebraban sus fiestas y

regocijos los gaditanos, costumbre antigua de la

gentilidad. Era este coliseo á la traza del de Roma, y

cuando no fuese tan suntuoso, al menos muestra haber

sido de mucha grandeza al modo del que hoy se vé en

Sevilla la vieja junto al monasterio de S. Isidro del Campo,

el cual, aunque en parte está caído, en otras ó las mas

está en pié, obra admirable y famosa. Tiénese noticia de

este de Cádiz por haber poco tiempo que lo deshizo el

Marqués de Cádiz, cuando tenia aquella ciudad por suya,

para fabricar el castillo que ahora tiene la ciudad,

valiéndose de la piedra y materiales de obra tan

excelente... ».

 

(ABREU, ed. 1866:14 s) 

 

 

«Vengo al Amphiteatro, de que oy tenemos conoscidas

reliquias, el qual está llegado a la Puerta del Muro, o de

Tierra, entre los almazenes del agua de Tempul, y los

Quarteles del Alojamiento: solo á quedado oy del la

muralla baja, que lo cerca, que tiene en redondo mil pies:

su forma no es perfectamente redonda, sino algo oval a la

manera que se fabrícavan en Roma... a este nuestro

Amphiteatro, aviendo servido en nuestros tiempos de

guerta (sic), le llarhamos la guerta (sic) del Hoyo; en medio

de la qual está una grande cisterna de agua dulce ...

 

».

(SUAREZ DE SALAZAR, 1610:128 s).

 

 

 

«6.Muy vezina a esta obra hallamos otra fabrica de

Romanos, que es el Anfiteatro, cuyas ruinas aun

perseveran oy entre las arcas del agua de Tempul, que

acabamos de dezir, y los Cuarteles, donde estuvo la

Huerta, que llamaron de el Hoyo, dicha assi por el hoyo de

el mismo Anfiteatro, que era una fabrica de forma ovalada,

y profunda toda rodeada de escalones, que tenia en

circuito 360 pies, y de convexo 120. La pared fortissima,

de mamposteria, de tres varas en ancho, con muchas

gradas, y columnas, y cerca de ella una Torre. Lo cual

todo desbarató el Marques de Cádiz, valiendose de su

piedra para hazer el Castillo de la Villa, y oy se veë

totalmente cegado, e igualado con el pavimento restante».

(CONCEPCION, 1690: 97 s).

El dicho anfiteatro (173) debió ser, según se desprende de

las descripciones arriba reproducidas, una obra en gran parte

excavada, lo que provocaría que la huerta existente en el

mismo lugar en la Edad Moderna se denominase «Huerta del

Hoyo» (v. cap. V). Por último, es preciso indicar que el solar

del antiguo anfiteatro, que luego sería ocupado por la ya

mencionada huerta, no se hallaba hacia donde más tarde

estuvo la primitiva plaza de toros del Campo del Sur -como

se ha aventurado en CORZO, 1980: 9- sino inmediatamente

a la espalda de las fortificaciones de Puerta de Tierra, al

comienzo del barrio de Santa María (plano I, punto Z; v.

también nota 174).

CIRCO

 

Circo:

 

117

poseen las siguientes interesantes descripciones de los

vestigios de este monumento:

«Acabado (sic) por los fenicios la obra del templo...

levantaron un fuerte castillo de piedra cuadrada, cuyos

cimientos tengo por cierto son los que hoy día se ven al

occidente de esta isla en aquella parte que sobre la Caleta

hay grandes muestras y ruinas de edificios, y éste parece

haber sido de mucho circuíto y campo por la cordillera de

cimientos que van trabados de unos en otros que llegan

jundo (sic) a donde se divide el campo en que está la

ermita de San Sebastián».

 

«... pareciéndole que su edificio era el de unas grandes

ruinas de fortísimos cimientos que hoy día se ven en forma

circular que ciñen y abrazan el espacio de tierra que tiene

la isla entre la Caleta de Sta. Catalina y el mar, y entre la

ermita de esta Santa y la del glorioso mártir San

Sebastián, por más cierto tendría yo, que estos cimientos

(o lo que sobre ellos estaba edificado), eran de castillo o

fortaleza que no del templo, porque los fenicios... ».

(HOROZCO, ed. 1929: 80 s)

«Es la punta de San Sebastián un angosto y pequeño jirón

de tierra que sale de la isla entre el mar y la caleta, al

occidente de ella. Señálase esta punta desde la ermita de

Santa Catalína que está al fin de la caleta y desde ella a la

de San Sebastián es la mitad del trecho muy angosto lleno

de paredones y cimientos más parecidos y levantados que

en otra parte, que como está dicho muestran ser las ruinas

de la antigua y primitiva ciudad, a donde se rematan estos

edificios se estrecha tanto que en cada creciente se junta

el mar con la Caleta... » .

 

«La última í tercera destas grandes obras... era un

soberbio anfiteatro i naomachîa, cuyas ruinas aun se

dexan ver, con la forma í tamaño de su planta, dende la

hermita de Santa Catalina hasta allegar a entrar en la

isleta de San Sebastian, cuyos cimientos de aquellos que

caen sobre la Caleta aun tienen su planta i cimientos en

pié, porque al otro lado del mar al mediodía lo á gastado i

118

desecho (sic) el mar hasta el meta que en medio tenia

este anfiteatro, el qual era oval, de quatrocientas í

cinqüenta varas en largo, í ciento i cínqüenta en ancho,

cuya forma i disposicion de sitio se va perdiendo ya con el

foso í obra que allí para la fortíficación se á hecho i va

haciendo».

 

«I cierto que es mucho de admirar que aun se pueda

conocer i sacar la planta deste de Cádiz sobre la Caleta,

cuya grandeza i comodidad para los juegos sobrepujó a

todos los de España, i por lo poco que dél á quedado i á

dexado el furioso mar se puede atinar quan soberbio fué, i

con esta relacion quedarán desengañados los que no

sabiendo de que avian servido aquestas fuertes paredes í

cimientos, que se ven, los aplicaban al grande templo de

Hércules, o de alguna fortaleza, llevados a esta opinion

por les faltar pratica (sic) destos anfiteatros, ni aver caído

en buscar toda la planta deste. Podiase gozar dende este

anfiteatro de las fiestas navales que se hacían en la Caleta

teniendo su órden de asientos hácia aquella parte, demas

de los que caían al anfiteatro. Dende la punta de San

Sebastían entra el agua de la Caleta en la isla por mas de

ochocientos pasos Jenecíendo en la mesma figura oval

que el anfiteatro, í adondefenecen sus vestígios í ruinas,

qual si de industria i a mano se oviera hecho para el efeto

(sic) de las naumachîas, siendo hoy capaz esta Caleta de

estar en ella hasta veinte galeras reales sin otros barcos i

bergantines».

 

«Hay además de los comunes edificios arruinados, unos

pedazos de murallas á la parte del Norte, antes de llegar á

la punta y remate de la isla, los cuales aun permanecen de

obra tan soberbia y magnífica, que sería de grande

magestad y posibilidad de aquella república, obra que

debió ser de algun famoso templo ó soberbio Alcázar,

segun la disposicion y traza que prometen sus fuertes y

anchos fundamentos, en quien batela mar continuamente

y no ha podido romperlos ni consumirlos. Algunos que se

pican de curiosos, dan otros sentidos á estos edificios ó

murallas, diciendo, que allí era el teatro á donde se

119

recitaban las representaciones y actos públicos; lo cual es

disparate, pues aunque lo consideran enforma aovada

aquel edificio, y de allí ínfieren ser teatro ó coliseo, no lo

fué ni pudo ser, por haber otro coliseo, como adelante se

dirá, y no cabe en buena razon, que hubiese dos teatros ó

coliseos, pues aun en Roma, cabeza y señora del mundo,

no hubo mas de uno».

 

(ABREU, ed. 1866: 12 s).

(HOROZCO, ed. 1845: 77 s).

(HOROZCO, ed. 1845: 67).

(HOROZCO, ed. 1929: 153 s).

(HOROZCO, ed. 1956: 21)

Posiblemente, los vestigios monumentales sobre los

que más se ha especulado a nivel local, a lo largo del tiempo,

han sido los que se mantenían aún visibles en la Edad

Moderna por la parte de la Caleta. Estas ingentes ruinas

fueron ya consideradas en el siglo XVI como pertenecientes a

la ciudad antigua (175), lo que ha contribuido no poco a la

reducción tópica de ésta al área de la punta de San

Sebastián y de la Caleta. Excepcionalmente, los restos en

cuestión aparecen representados en una célebre vista de la

ciudad -reproducida en su totalidad y en detalle en nuestra

Lám. ll que dibujó Hoefnagel en 1564 (Cf. BRAUN and

HOGENBERG, ed. 1965). Por otro lado, y aparte de esto, se

 

«Otras muchas ruinas de edíficios antiguos se ven por

toda esta Isla; pero dellos no hallo memoria en los

escriptores. Entre estas las que muestran mas grandeza, y

magnifícencia, son las que oy vemos en la parte

Occidental entre la hermíta de santa Caterina

,

y la casa,

que llaman de Folugo; cuyos dos edificios son terminos de

aquesta gran obra. Su forma es oval muy prolongada:

tiene de largo 1200 pies, y de ancho 400 está hecha de

quatro murallas, que las unas ciñen a las otras, y hazen la

forma que emos dicho. La primera es de quatro pies de

gruesso, fabrícada toda de sillares quadrados: la segunda

de dos pies, y otro tanto terrapleno: la tercera de tres pies

de gruesso, y el terrapleno de otros tres: tras esta está un

ancho terrapleno de diez pies, y una pared que lo ciñe de

quatro pies de gruesso, que es la ultíma por la parte de

dentro: de suerte, que el gruesso de las murallas con los

terraplenos hazen veynte y ocho pies. Por el lado que mira

al Norte se señala una entrada, y puerta, que cae sobre

una caleta, que haze en esta Isla el Oceano., No se puede

averiguar con certeza, que edificío fuesse este; sifortaleza,

templo, o Circo; porque no se descubre mas que los

cimientos, y atrechos algunas paredes; todo caydo, y

desfigurado».

 

«... otra -fabrica pone Agustín de Horozco, que estava a la

parte Occidental de la Ciudad, muy cerca de la Hermita de

S. Catalina, junto a las Cassas que dezian de Folugo, que

en su tiempo mostrava aver sido Theatro: porque era en

forma de Semicírculo de 450 varas de largo, y 150 de

ancho, cuyas ruinas aun perseveran, aunque muy

sorbidas de el mar».

 

(CONCEPCION, 1690: 98).

 

Toda esta disparidad de opiniones -en relación con el

carácter concreto de esta gran edificación antigua- que

hemos podido constatar en la historiografía de la Edad

Moderna, se traduciría, posteriormente, en el total

confusionismo que ha imperado, al respecto, en las dos

últimas centurias. De esta forma, dicho monumento ha sido

considerado, equivocadamente, como anfiteatro y naumaquia

romana (176), como teatro romano (177) e, incluso, como

fortaleza fenicia (178). No obstante, y con anterioridad a

todas estas interpretaciones erróneas, un conocido estudioso

de los temas locales había dado ya con la clave del asunto.

Se trataba de Nicolás de la Cruz, conde de Maule, el cual -a

comienzos del siglo XIX- apostillaba a la descripción del

monumento proporcionada por Suárez de Salazar que:

«Según la explicación que dá

 

 

121

de la «avanzada» del castillo del mismo nombre. En cuanto a

la ermita de Santa Catalina, en cuyas inmediaciones

colocaba también las consabidas ruinas Suárez de Salazar

(179), se encontraba emplazada justo al lado de la actual

Puerta de la Caleta (180). Lamentablemente, la confusión de

esta ermita de Santa Catalina con la iglesia del mismo

nombre -edificada en el llamado convento de Capuchinos- ha

hecho errar a varios investigadores, los cuales han

pretendido ubicar el monumento del que tratamos junto al

jardín de dicho convento (181).

Por último, en relación con este monumento, sólo nos resta

apuntar las posibles causas de la desaparición de sus ruinas.

En primer lugar, nos consta -por uno de los párrafos de

Horozco anteriormente transcritos- que, a fines del siglo XVI,

los restos en cuestión se encontraban ya seriamente

afectados por la erosión marina y por el foso y obras de

fortificación que se estaban realizando en las inmediaciones

de la ermita de Santa Catalina (182). Por otro lado, es

evidente que los dichos vestigios debieron aprovecharse,

tradicionalmente, como cantera de materiales reutilizables en

otras construcciones y fortificaciones más o menos próximas

(183). Así, las conocidas canteras que se situaron en dicha

zona en el siglo XVIII (v. nota 73) debieron ser, en concreto,

las que -al llegar a explotar hasta el mismo subsuelo rocoso

natural- borraron definitivamente las últimas huellas de dicha

magna construcción de la Antigüedad

a

sus formas debió ser un circo

maximo para la carrera de carros y caballos». (CRUZ,

1813:

310). Efectivamente, la mencionada obra de fábrica debía

tratarse de un circo romano, lo cual se puede colegir de dos

datos fundamentales que proporcionaba ya Suárez de

Salazar, a saber: la forma «oval muy prolongada» de la obra

y sus considerables proporciones (1.200 por 400 pies, casi

equivalentes a las 450 por 150 varas que indicó Horozco).

Otra cuestión del máximo interés es, lógicamente, la que

hace referencia a la exacta ubicación de este edificio. A este

respecto, en realidad, no cabe duda alguna: dicho

monumento se hallaba situado junto al canal central de la

Caleta, en la parte del istmo rocoso comprendida desde la

Puerta de la Caleta hasta cerca del Castillo de San Sebastián

(plano I, punto Ñ). Esta, y no otra, es la situación en que

aparecen representadas sus ruinas en la ya citada vista de la

ciudad en 1564 que dibujó Hoefnagel (v. Lám. II). Y ésta es

también, por otra parte, la ubicación que especificaba el

historiador Agustín de Horozco, el cual -según ya hemos visto

manifestaba que los restos en cuestión se extendían desde la

ermita de Santa Catalina hasta cerca de donde estaba la

ermita de San Sebastián. Esta segunda ermita se levantaba,

como es sabido, próxima al extremo de la punta de San

Sebastián, al fondo de lo que hoy constituye el segundo patio

de la «avanzada» del castillo del mismo nombre. En cuanto a

la ermita de Santa Catalina, en cuyas inmediaciones

colocaba también las consabidas ruinas Suárez de Salazar

(179), se encontraba emplazada justo al lado de la actual

Puerta de la Caleta (180). Lamentablemente, la confusión de

esta ermita de Santa Catalina con la iglesia del mismo

nombre -edificada en el llamado convento de Capuchinos- ha

hecho errar a varios investigadores, los cuales han

pretendido ubicar el monumento del que tratamos junto al

jardín de dicho convento (181).

Por último, en relación con este monumento, sólo nos resta

apuntar las posibles causas de la desaparición de sus ruinas.

En primer lugar, nos consta -por uno de los párrafos de

Horozco anteriormente transcritos- que, a fines del siglo XVI,

los restos en cuestión se encontraban ya seriamente

afectados por la erosión marina y por el foso y obras de

fortificación que se estaban realizando en las inmediaciones

de la ermita de Santa Catalina (182). Por otro lado, es

evidente que los dichos vestigios debieron aprovecharse,

tradicionalmente, como cantera de materiales reutilizables en

otras construcciones y fortificaciones más o menos próximas

(183). Así, las conocidas canteras que se situaron en dicha

zona en el siglo XVIII (v. nota 73) debieron ser, en concreto,

las que -al llegar a explotar hasta el mismo subsuelo rocoso

natural- borraron definitivamente las últimas huellas de dicha

magna construcción de la Antigüedad

JUAN RAMON RAMIREZ DELGADO

DATOS SACADO DEL LIBRO

«LOS PRIMITIVOS NUCLEOS

DE ASENTAMIENTO

EN LA CIUDAD DE CADIZ»