A partir de un primitivo muro del siglo XV, tras contínuas modificaciones y ampliaciones se contruyó este semibaluarte con varias líneas de murallas y glacis, hoy desaparecidos, que se pueden observar en la maqueta de la ciudad expuesta en el Museo Muncipal.

Está construida con sillares de piedra ostionera y mampuesto y tiene a ambos extremos los semibaluartes de San ROQUE y Santa Elena.

En su centro se encuentra la entrada principal de la ciudad y durante mucho tiempo única entrada por tierra. Su portada es barroca, fue proyectada por José Barnola y ejecutada por Torcuato Cayón. Tiene dos cuerpos: el inferior con dos pares de columnas toscanas que sostienen un friso de triglifos y metopas, siendo la metopa central el escudo de la ciudad; sobre la puerta adintelada aparece una inscripción de 1755 dedicada a Fernando VI; el segundo cuerpo tiene en su base dos leones y una alegoría de la fama que junto a la cornisa trilobulada en la parte superior sirven para enmarcar el escudo real.

La cara de este frente que da al interior de la ciudad, presenta un gran pórtico bajo arcos semicirculares, de comienzos del neoclasicismo.

A mediados de este siglo se abrieron dos grandes arcos para el tráfico rodado, haciendo necesaria una remodelación del torreón central que perdió los dos cartabones laterales, a la vez que ganó las airosas cúpulas de las garitas.

Cuando a comienzos del siglo XVI el progresivo aumento de la población rebasó los límites de la vieja muralla medieval, extendiéndose por los arrabales de Santiago y Santa María, se vio la necesidad de amparar estos nuevos barrios con una obra fortificada que los protegiera. Fue así como hacia 1529 se construyó 'El muro', fuerte paredón que corría desde 'la mar brava' -como entonces se decía- hasta las aguas de la bahía. Pero esta muralla simple de unos 20 pies de altura, construida a ras del suelo, no fue obra suficiente, como lo puso de manifiesto el ataque del conde de Essex (1596), ya que el viento de levante acumulaba contra ella gran cantidad de arena, que permitió a las tropas inglesas asaltar la muralla fácilmente. Además, como señaló el capitán Cristóbal de Rojas -constructor del castillo de Santa Catalina- la citada muralla tenía graves defectos estructurales, pues, en carta al rey Felipe II, decía Rojas: "Certifico a V.M. que aunque fueran negros de Guinea, no tuvieran la muralla por la parte en que entró el enemigo de tal forma edificada, porque estaba fortificada al revés".

Reconstruida la muralla y subsanados los defectos, se procedió en años sucesivos a la construcción de los distintos elementos del frente abaluartado. Primero se llevaría a cabo el revellín, para defender la puerta, y los dos baluartes contiguos de Santa Elena y San Roque, así como el primer foso. Por cierto que en 1625, por orden de D. Fernando Girón y Ponce de León -gobernador de la plaza- huboque aumentar la profundidad del mismo, hasta llegar a una capa rocosa que aún es visible en el baluarte de San Roque que mira al instituto Columela.

Más adelante se proyectaría la llamada 'obra coronada', conjunto formado por un baluarte adelantado flanqueado por dos semibaluartes, enlazados por sendas cortinas, y se construirían las contraguardias, los caminos cubiertos, el segundo foso y los glacis -que hoy vendrían a quedar a la altura de la calle Santa Cruz de Tenerife- y, por último, el glacis avanzado o ante-glacis que en suave declive iba a morir junto a la hondonada del Instituto Hidrográfico y a los jardines del chalet del general Varela. En esta zona se construyó en el año 1911 la denominada 'barriada obrera'.

Las obras del frente de Tierra, llevadas a cabo durante los siglos XVII y XVIII, fueron tarea encomendada a numerosos ingenieros militares, pero entre todos ellos destacó Ignacio Sala (1731-1749), autor también de las murallas del frente N.O. de la ciudad, desde el Baluarte de la Candelaria hasta el Bonete -tras el Hotel Atlántico y el Parque Genovés- así como de las bóvedas a prueba de bombas de los cuarteles de Santa Elena y San Roque, y asimismo de la enmarañada red de contraminas bajo los glacis, vulgarmente conocido como 'Cuevas de María Moco'.

La estructura de mármol de la Puerta de Tierra, que culminó los trabajos de la fortificación, fue obra del brigadier ingeniero José de Barnola en 1755. Esta puerta sustituyó a la llamada Puerta del Muro, situada más a la izquierda, frente al edificio del Banco de España, cuya silueta aún es visible.

Según reciente investigación del profesor Sánchez Ruiz, el torreón de la Puerta de Tierra -comocido entre los técnicos como 'Torre Mathé'- fue construido muy tardíamente, concretamente a mediados del siglo XIX, con destino al telégrafo óptico que por aquellos años se instaló para la comunicación de Cádiz con Madrid.

En el año 1932, como medida para combatir el paro obrero, el gobierno de la República autorizó el derribo de la instalaciones militares de Puerta de Tierra, poniendo con ello fin a una muestra paradigmática de fortificación Vauban, obra consagrada de la poliocértica de los mejores tiempos.

El mismo año, como precaución tras la sublevación del general Sanjurjo (acaecida el 10 de agosto), un tábor de Regulares traído desde el norte de África permaneció acampado en los glacis durante algún tiempo. Fue el último cometido castrense de estas instalaciones.

(Las informaciones proceden en gran parte de noticias facilitadas por el coronel Don José Pettenghi y en menor medida de los trabajos de Víctor Fernández Cano).